Nuestra bloguera nos sorprende hoy con otra de sus vivencias, las vacaciones de invierno con una visita inesperada. ¿Qué le sucedió? conócelo en la siguiente nota:

Existen diferentes corrientes de pensamiento respecto de este descanso escolar de mitad de año. Una corriente piensa que es terrible tener a los niños en casa por dos semanas y comienzan los malabares para mantenerlos entretenidos y ocupados, otra corriente no se complica y disfruta a concho los días libres, y para otra corriente es un descanso sagrado de mitad de año luego de un intenso semestre de estudio y sacrificio.

Me identifico plena y absolutamente con la tercera, son dos cortas y maravillosas semanas en las que descansamos, dormimos hasta tarde, tomamos desayuno en la cama y andamos con pijama todo el día si se nos da la gana. Pero ¿qué pasa cuando este ritual se ve interrumpido por la visita de la suegra? Morir, no hay derecho, es una maldad, es un castigo, un karma o como quieran llamarlo, es definitivamente lo peor.

Entregada a mi suerte y cual cordero en camino al matadero caminé mirando el suelo esperando la guillotina del sufrimiento. Superé estoica la primera semana de calvario, aguanté las indirectas directas, las frases al estilo: «hijo que estás delgado» y todo el despelote diario después de los juegos con la abuelita.

Pero como estas visitas generan la culpa del marido, y todo sacrificio tiene un premio, tomé mi maravillosa mochila porta notebook bicolor fucsia, espaciosa, liviana y cómoda, guardé mi notebook, mis documentos y todo lo necesario para ahora sí disfrutar de mis merecidas vacaciones.

Ahora sentada mirando el mar y viendo a los niños correr por la playa puedo decir ¡felices vacaciones de invierno!

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